Lo común que se volvió comer desde la basura

Buscan con desespero, analizan cada pedazo, tratan de quitar el notable sucio adherido, lo depositan en la bolsa que acumula cada suspiro de alimento. Aunque sus caras muestran tristeza, sus movimientos resignación, a lo muy lejos se nota una pequeña alegría por encontrar algo que pueda cubrir la necesidad más grande que pueda tener un humano; hambre.

No son indigentes, ni personas con problemas mentales; son niños, madres, padres, que no dudan en revisar cada bolsa de basura para tratar de encontrar algún alimento que puedan llevar a su boca.

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Fotos cortesía: Hermes Araujo @graficohermes

Esa, es la imagen que se repite en las calles y avenidas de Barquisimeto, de este a oeste, a las afuera de los edificios o restaurantes. Para ellos, ya no existe vergüenza, solo la esperanza de las sobras de otros.

José Méndez, seleccionaba trozos de verduras, soplaba la tierra que tenía un tomate, picado a la mitad y desechado por aparentemente estar dañado. Para él estaba en perfectas condiciones y debía llevarlo a su casa.

Se encontraba agachado revisando las bolsas de basuras a las afuera de un restaurante, ubicado en la avenida Los Leones de Barquisimeto. Contó que tenía 4 niños pequeños y a una esposa que alimentar, vive en el sector La Lucha, al oeste, y aunque podría parecer un largo recorrido para solo buscar restos de comida, afirma que el este es una de las mejores zonas; pueden encontrar hasta trozos de carne y pollo.

Generalmente lo acompaña su hijo mayor de 10 años, quien ese día se quedó en casa, afirmó que estaba enfermo del estomago. Para ese pequeño la escuela hace tiempo ya no es su prioridad.

Al otro lado de la ciudad, por la carrera 15, existen varios puestos de comida que funcionan especialmente en horas de la noche, su especialidad es la comida rápida. Aunque las ventas han bajado, aún tienen sus días buenos, en los que venden varios perros calientes y unas cuantas hamburguesas.

“Esto es muy triste”, esa es la respuesta que da Tony Hernández, y no se refiere a la situación de los locales, sino a la cantidad de personas que esperan al cierre de los puestos de comida para poder revisar las pocas sobras que quedan. “Los niños disfrutan cada pedazo de salchicha que se puedan encontrar”.

Situación similar se repite al final de la carrera 19, cerca de una pizzería, una mujer con niños en brazo, revisa desesperadamente la cesta de basura, mientras el pequeño se entretiene con un pedazo de arepa.

Entretanto, la canasta básica familiar en el mes de septiembre se ubicó en 542.412,79 bolívares. Registrando un incremento de 39.531,45 bolívares (7,9%) con respecto al mes de agosto de 2016. Según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), se requieren 24 salarios mínimos para poder adquirirla, es decir; 18.000 bolívares diarios.

La situación en los supermercados no ha mejorado, se consiguen aquellos productos que no están regulados o los importados con precios por encima del día del salario mínimo, convirtiéndose en más que un lujo, algo inalcanzable para la mayoría de la clase media y baja, a esas familias que las bolsas de los CLAP no les llega, o las que solo las llenan con pasta, arroz y sal.

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Fotos Cortesía: Hermes Araujo @graficohermes
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